jueves, marzo 16, 2006

Poemas para leer en el tren, entre el Village y Hamilton Heights (Línea 9, local)
Mariela Dreyfus (*)

Nueva York es la ciudad del desvelo; de los sueños y de las pesadillas. Ni los miedos reales ni los imaginados -los empleos que cierran, la bolsa que colapsa, la bomba que desciende sobre otro rascacielos- detienen el doble pulso de esta ciudad que viaja por veredas y túneles, en autobús y en tren. Subterráneo, vertiginoso, multiétnico, acre, atestado: el sistema de metro neoyorquino, con sus veinte rutas que atraviesan la ciudad en línea recta y perpendicular, opera las 24 horas del día y abre -o cierra- sus puertas a una amplísima gama de individuos, empleados de impensables oficios, procedentes de las partes más distantes -y distintas- del planeta.

Entre dos puertas corredizas, de vagón en vagón, el tiempo se suspende y la ilusión se crea: ahora son uno en el espacio el obrero de construcción hondureño y la aspirante a modelo africana; el mercader oriental de Chinatown y la ejecutiva angloamericana de Wall Street. Apretados respiran el mismo aire, escuchan los mismos anuncios y las mismas canciones: el operador advierte que el tren se ha detenido a causa de una investigación policial; un predicador reparte volantes anunciando la llegada del Reino; un trío de morenos improvisa un rápido girar de caderas al estilo hip-hop.

Mientras tanto la mirada se detiene en los otros o repasa los rectangulares avisos comerciales pegados a ambos lados del tren. Y de pronto, al desgaire, se topa con la transparente verdad de los versos que, entre aviso y aviso, esta quincena integran la sección de la "Poesía en movimiento":

Sírvase cederle el asiento a los ancianos o a los minusválidos

Hice todo el viaje de pie:
nadie me cedió el asiento
pese a que yo tenía unos cien años más que otros pasajeros
pese a que en mí eran obvios
los signos de tres grandes males:
el Orgullo, el Arte, la Soledad.

Su autora es la rumana Nina Cassian (1924). Junto a los suyos, traducidos al inglés, la "Poesía en movimiento" ha incluido también los poemas de otros notables visitantes o exiliados de estas tierras: el ruso Joseph Brodsky; el israelita Yehuda Amichai; el polaco Czeslaw Milosz. De los poetas en lengua española han aparecido, en versión bilingüe, textos de Paz, García Lorca, el infaltable "Poema veinte" de Neruda.

El criterio de selección de la "Poesía en movimiento" revela una extremada delicadeza y sensibilidad. Como si cada estrofa o poema, que nunca excede los doce, trece versos, estuviera destinado a tocar en nosotros alguna fibra ignorada o dormida por exceso de realidad o de vaivén. A veces el recurso es colocar al pasajero en su contexto inmediato, para de ahí transportarlo en un viaje poético que seguro resuena más allá de las calles o millas recorridas. Tal la intención del texto de Cassian o estas precisas líneas del entrañable Ezra Pound (1885-1972):

En una estación del metro
La aparición de estos rostros en la multitud;
Pétalos sobre una rama húmeda y negra.

Pero la poesía es un vehículo que no sólo viaja en el tiempo exterior de los relojes, sino -y sobre todo- en el tiempo interior de los afectos. Así es por ejemplo el Taxi de la imaginista Amy Lowell (1874-1925):

Si te dejo
el mundo resuena
como un tambor sordo.
Bajo un manto de estrellas te busco
mi grito viaja en los canales del viento.
Una tras otra,
veloces las calles
te alejan de mí,
Y la luz de los postes se clava en mis ojos
Y entonces ya no puedo verte más.
¿Por qué habría de dejarte
para golpearme contra el afilado borde de la noche?

Sorpresa, grito, rabia. La poesía al moverse nos conmueve. Revuelve la memoria olvidada, los atávicos miedos. Al enfrentarnos con la pasión o su falta, el poema nos duele pero a la vez cura nuestra herida. Tal el Primer recuerdo , de Louise Glück (1943):

Hace tiempo fui herida. Viví
para vengarme
de mi padre, no
por lo que él fue -
sino por lo que fue de mí: desde que todo empezó,
desde niña, creí
que el dolor quería decir
que alguien me amaba.
Quería decir que yo amaba.

Otras veces el poema es un guiño de ojo; la impudicia que sigue a un encuentro aleatorio o la ternura oculta entre lo cotidiano. Le habla por igual al hombre algo maduro que solapado se limpia una legaña y a la mujer que salió de su casa en ayunas tal vez mas sonriente. Las voces de la tradición anglosajona, que a partir de Eliot o incluso antes, desde Whitman, han aprendido a expresarse en el lenguaje de la tribu, un instante nos tocan con el sabio intimismo de un pensamiento o de una posdata:

Esto es sólo para decirte
Me he comido
las ciruelas
que estaban
en la heladera
Y que tú
a lo mejor
guardabas
para el desayuno

Perdóname
estuvieron deliciosas
tan dulces
y tan frías.
William Carlos Williams (1883-1963)

A los cuarenta un hombre

A los cuarenta un hombre
sabe cómo cerrar suavemente
la puerta de las habitaciones
a las que no ha de volver.

Donald Justice (1925)

Variaciones en torno a la palabra sueño
Quisiera ser el aire
Que te habita tan sólo
un momento. Así de imperceptible
y así de necesaria.

Margaret Atwood (1939)

Lo que en cambio persiste es la sensación de que el poema nos habla además desde un espacio donde habitan añoranza y cumplimiento, nostalgia y realización. Por ello la "Poesía en movimiento" también le otorga su voz a las más importantes minorías de este país; tanto a los indígenas y afro americanos, que han moldeado a su modo el idiolecto dominante de los anglos, como a los latinoamericanos y asiáticos que en su condición de primeros usuarios del inglés han incorporado directamente a éste los vocablos y giros de la lengua de origen -con resultados tan interesantes como el spanglish- o han infiltrado suavemente su poesía con la dicción y el ritmo del hablar materno. Estas voces ocupan un lugar importante en las más recientes antologías de poesía norteamericana y constituyen novedosos y definitivos aportes a esa riquísima tradición.

Testimonio de ello son el animismo exaltado de Jo Harjo (1951), poeta, música y artista visual nacida en Tulsa, Oklahoma, cuyo ascendiente Creek asoma en la metafórica fauna y en la intensa oralidad de su expresión poética:

Aparición
La mente humana es pequeña cuando piensa
en pequeñeces.
Crece cuando abraza al hacedor
de los que andan, piensan y vuelan.
Si logro encontrar el sentido más allá del deseo
No comeré ni beberé
hasta que el dolor me clave
en la tierra.
Podré ubicar la punta del amanecer
y despertar
con el día más largo del mundo.

O en los húmedos, ternurosos paisajes de Li-Young Lee (1957), nacido en Indonesia de padres chinos y emigrado a los Estados Unidos, quien hasta el momento ha merecido importantes reconocimientos poéticos como la beca de la Fundación Guggenheim, en1989, y el Premio de Poesía Lamont de la Academia de Poetas Norteamericanos en 1990:

Le pido a mamá que cante
Ella empieza y mi abuela la sigue.
Madre e hija cantan como dos muchachas.
Si mi padre viviera, tocaría el acordeón
y se mecería como una barca.

Nunca he visitado Pekín, ni el Palacio de Verano
Ni me he parado en el Gran Bote a contemplar
La lluvia que cae sobre el Lago Kuen Ming y hace correr
a los que merendaban en el parque.

Pero disfruto oyendo esa canción:
las lilas del lago empapadas de lluvia
se voltean y derraman agua sobre agua
y luego se enderezan y vuelven a mojarse.

Las dos mujeres han comenzado a llorar.
Pero ninguna interrumpe su canto.
Concisa, alada, esencial, esta poesía no deja impávido al lector / pasajero; al hablarle desde su ciudad, lo involucra en un caleidoscópico juego en el que las palabras ora se abren sobre la realidad ora regresan al lugar del poema. De algún modo secreto pero cierto este intercambio pareciera finalmente cumplir con el profético anhelo de Lautréamont: la poesía debe ser hecha por todos. Tanto, que la más reciente muestra de la "Poesía en movimiento", incluye esta hermosa elegía de Colm MacNiallais, estudiante de tercer grado en una escuela elemental:

Las dos torres
Desde mi ventana
Solía ver
Las dos torres más altas
Que jamás vi

Pero ya no puedo
Desde ese día
En septiembre.

*desacargado de la revista ajos&zafiros

2 comentarios:

IGGIX dijo...

recorde a mariela luego de leer un rollo en torno a un articulo sobre los poetas de los 80.
nuestra relacion amical fue fugaz;la conoci cuando ingrese a san marcos. yo estudiaba antropologia y ella literatura, teniamos algunos amigos mutuos, luego me traslade a derecho y, en el umbral de una de aquellas aulas, entre la penumbra del pasadiso y el blanco neon del salon, fue la ultima vez q la vi, estaba con su enamorado, un muchacho muy calido, cuyo nombre ahora no recuerdo.
tengo en la memoria aquellos ojos, q parecian estar siempre scaneando vitalmente la vida.

Rain dijo...

Hermosa poeta. Yo no tuve la suerte de conocerla.

Aún no tengo un libro que escribió ya en Estados Unidos. Recuerdo que algo leí sobre puentes, un poema suelto en alguna parte. Poema sublime.

Poeta, la recuerdo.

Salutes Iggix.