martes, mayo 04, 2010


Avanzo entre el rojo y negro de mudas revoluciones flanqueando mis pasos, y percibo en el aire una tregua frágil bajo el silencio de éstos pasadisos teñidos de un claro oscuro frio que se filtra por la piel; me detengo, dubito sobre ese ángulo arbitrario desde donde la observo bebiendo un café; ella hunde un trozo de pan con el que seguro comparte el mismo crepúsculo de mañanas inciertas, y cobija en la mirada una cierta angustia como cuando se comparece ante esas autopsias del alma que se confirman en cada sorbo de aquel luto áspero, perpetuo; hay ahora una distancia ajena entre los dos, y sin embargo su palidez se torna cercana entre el paréntesis negro azulado que, como ave presagiando idus de marzo, se posan en éste abril; me mira, y es en esa equidistancia donde se funda la fugaz urgencia de un sinalagma que se quiebra frente a la desnudes de mi clandestina presencia; ella vuelve al interior de su exilio, yo, devuelvo mis pasos por los pasadisos donde cabalga un dolor zepia, imprescriptible, en cuyos ecos se denuncia la constancia de mi impostura.

lunes, febrero 22, 2010


Era noviembre pero la mañana lucia clara como en un crepúsculo de verano, mientras el auto se estremecía bajo el empedrado de la Bajada Balta, el puente Villena aparecía como una gaviota suspendida entre los vientos de aquella pequeña quebrada; aun a esa hora temprana, sus veredas lucían ocupadas y distintas al reducto solitario que antes era y que servía de refugio seguro para quienes habíamos eludido la diaria asistencia al colegio.
Después de la última curva que escondía sus orillas, La Herradura mostraba, sin pretensiones, toda su amplitud y belleza;como cuando niño, la repentina presencia de la bahía le produjo una opresión en el pecho seguida por un hormigueo que iba creciendo hacia los costados y el bajo vientre. En la distancia pudo distinguir a tres personas que flotaban como focas a la espera de alimento, intuía quienes debían de ser y ello no hizo mas que aumentar aquel ansioso entusiasmo que lo invadía cada vez que iba a correr.
Estacionó, y mientras se cambiaba, pudo observar a los tres remando con aceleradas brazadas, síntoma inequívoco de que la primera serie de olas llegaba rompiendo detrás de las rocas; “marquitos” adelantado, podía imaginar sus ojos muy abiertos como ante la inminencia del peligro; el "chino” con la misma expresión, pero con la boca abierta tomando un aire que quizás mas tarde necesitaría se iba replegando para tomar la segunda ola y, rezagado, en la segunda sección, el “chato”,como siempre, esperando imperturbable como en un día de pesca. Luego la espuma dibujó su manto amarillento que iba meciéndose con la marea y cubría, por instantes, los rostros sonrientes y satisfechos de esos tres amigos, mientras los restos de aquellas olas naufragaban en la orilla donde Sebastian esperaba impaciente para entrar.
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Hace unos días escribí estas lineas, pero no pude publicarla por algún problema técnico en la red. Hoy recibí la noticia de que el "chino" había fallecido. La causa de su muerte tiene sus raíces en el estilo de nuestras vidas en aquella época, la cual fue también la que determinó que "marquitos" antes nos dejara. Hace mucho que no lo veía; el "chino" había encontrado la "paz" ayudando espiritualmente a quienes sufrían carcelería con el entusiasmo desbordante que le imprimía a todo lo que hacía.
Esa fotografía nos la tomaron el día que llegamos a Puerto Chicama; fueron diez días mágicos de olas perfectas y experiencias inolvidables. El "chino" es el que esta a la izquierda.
Hasta siempre Chino.

miércoles, febrero 17, 2010


En el Parque Universitario La Casona de San Marcos luce desierta a un costado de la plazuela; el reloj marca una hora incierta; imágenes de otros tiempos se proyectan en la mirada ausente, ensimismada del viejo ¡A Huaacho, Huacho, Huáchoo! -Doctor hay dos lugares y partimos- Él se acomoda adelante, junto al chofer, yo, en el asiento de atrás, entre dos morenas de brazuelos sudorosos y en sayonaras; ruge el motor y luego partimos orbitando entre plazas rodeadas de estructuras aristocráticas, ahora conquistadas. Pasamayo al frente como una serpiente negra reptando entre el arenal y los acantilados; silencio ante la bruma siniestra que traduce el tiempo y el espacio a uno atemporal y finito; cruces en ambos lados del camino, símbolos que aun no expresan la verdadera entidad de la muerte, del perpetuo silencio e inmovilidad cobijado en un ecce homo cercano, concernido; ahora la molicie del amplio desierto y que el ronroneo de los ocho cilindros alimenta, hace anidar su cabeza en el hombro del chofer que lo acoge como una madre sustituta, mientras sonrío un poco avergonzado a su espalda cazando la mirada furtiva del conductor a través del retrovisor. Avanzamos por el empedrado de esa avenida arbolada y pacifica como una arcadia; nos detenemos, posa sus manos recias sobre el ucase inscrito en el frontis de la Notaria; son unas cuantas palabras que están escritas no en negro, como de luto, tampoco en rojo, como de sangre, sino en un celeste de bóveda catedralicia y con unos trazos tan débiles, que mas producen ternura por el temor reverencial que parece confesar el autor de ese acto, que otro sentimiento; son las ultimas acciones contra el candidato de consenso a Teniente Alcalde, luego vendrán las declaraciones en la prensa y en la radio local, intervenciones que solo pretenden otorgarle una fecha cierta a esos eventos, pues uno y otro bando se encuentran siempre en los mismos lugares y todos en ese pequeño puerto se conocen, lo reconocen y respetan. Entramos y el repiquetear de las Olivetti cesa al unísono; Yolanda, la madre de la niña por la que me “tembla la cabeza”, nos recibe, nerviosa y solícita, se evaden al Despacho; camino junto a las paredes altas coronadas por claraboyas misteriosas; aparece Marcos, colosal con su pantalón de dril blanco atado con una soguilla y blandiendo el larguísimo escobillón como si fuera la lanza de un andino quijote; me saluda con una sonrisa tímida y luego se pierde entre los largos y oscuros pasadizos; me veo frente a la puerta de acero de la bóveda incombustible, reto a mi fobia a la oscuridad, entonces entro; un vaho algo húmedo y seco a la vez me sofoca y se convierte en profundamente negra y silenciosa cuando cierro la puerta que solo se abre desde afuera, deberé esperar a que algún empleado necesite de un documento de los que allí dormitan para ser rescatado; me echo sobre una de las repisas de mármol dispuestas a cada lado, como si fuera el contenido equivocado de un Mausoleo; escucho pacientemente mis latidos, me calmo. Luego el almuerzo en la Picantería de pisos de tierra y enramada donde cuelgan espirales repletos de moscas gordísimas; la siesta, mientras yo intento descubrir nuevos espacios allá en el fondo, entre una montaña de sellos vencidos, y luego otra vez el bullicio de las teclas manchando Escrituras, de las voces de “todas las sangres” solicitantes llenando cada rincón de la casa-oficina; las horas se demoran, el tiempo se alarga; perpetro alguna visita a su Despacho siempre ocupado; me mira desde su sillón parado en el umbral, es indescifrable, lo alientan los clientes, me presenta, tomo confianza y me quedo; luego me aburro y salgo a la calle donde ya hay sombra, me trepo a los Ficus y husmeo a los pichones en sus nidos, piojosos y calatos, siempre boqueando con una mirada de horror que brota de sus dilatadas pupilas; espero el fin de la jornada; salen uno a uno los empleados, bien peinados y con sus camisas siempre blanquísimas y pulcras, parecen satisfechos; se recuesta, las sombras trepan por las paredes y el silencio se vuelve mas potente en medio de esa repentina ausencia; los muebles y las maquinas crujen, es como si se estiraran después de un arduo ejercicio; la noche es fresca, salimos; la plazuela tenuemente alumbrada, niños y niñas corren a su alrededor; se lustra los zapatos, pide el diario de la tarde, me compra una historieta de Superman, la rechazo, no me gustan los superhéroes, prefiero Fantómas; caminamos mientras cada transeúnte le ofrece respetuosamente un saludo que el responde callada y pausadamente; Hotel Pacifico, la mesa de siempre, una travesura que realiza con el plato de sopa que se demoran en retirar después de acabado, me sorprende gratamente, soy cómplice de un acto inimaginable desde la percepción de su pétrea seriedad; Heladería Venezia, café Express y yo helados de sabores irrecuperables; regreso, nuestros pasos rebotan entre los oscuros y grandes zaguanes, depósitos inmensos conteniendo avios para la pesca, cabos gruesos como boas disecadas brillan entre las sombras, me asalta un aroma a lúpulo poco antes de llegar a la casa-oficina; luz tenue, la pequeña radio Philips nos relata las ultimas noticias en medio de un sonido sideral producido por las ondas cortas, sintoniza con el disco iluminado, amaina; luego las abluciones, una cama junto a la otra, se niega a dejar la luz encendida, sonido de flejes hasta que el cansancio lo hace dormir; estoy despierto cazando sombras, sonidos casi imperceptibles llegan desde la profundidad de la casa, oído atento, imaginación desbordada al recuerdo de historias de brujos contadas por Marcos erizan mi piel; seguro estoy dormido, seguro despertaré con ese rayo de luz que se descuelga indiscreto sobre el ojo del viejo; otro día, seis días de cada verano en que se repetía esa experiencia a su lado, solos los dos, antes del retorno con toda la familia ¡ A Lima, Lima, Líimaaa ¡

jueves, diciembre 31, 2009



Hexagrama 22, de Declinación
EL PRESENTE- LA ELEGANCIA
Para el Futuro : Ingresaremos a una etapa en la que habrá que ser muy cuidadoso con los malentendidos. Estos ocasionarán peleas, de poca importancia, es cierto, pero que impedirán la ejecución de planes de importancia. Estos no conviene encararlos en este periodo. Sin embargo, bien visto, este momentáneo antagonismo servirá de base para la futura unión. Desanudando suavemente la situación se logrará por fin la conexión, y finalmente todo saldrá bien.
Para el Presente: Pasamos por una etapa en la que estamos clarificando con éxito pequeños asuntos de nuestra vida. Debemos seguir ocupándonos de éstos pequeños asuntos, pero debemos evitar, por ahora, encarar los grandes. En emprendimientos pequeños habrá éxito, en los grandes, confusión.

Hexagrama 38, de Nacimiento
EL FUTURO- LA OPOSICION
General: Muestra al hombre como, los temporarios estados de antagonismo, sirven para la unión. Mediante el discernir las peculiaridades se logra ordenarlas y finalmente el hombre logra unirse.

General: Muestra al hombre como, el amor y la justicia configuran las reglas claras de la actuación. Mediante la resolución de asuntos corrientes, más no de grandes conflictos, el hombre logra consumar momentos agraciados. Darle forma a la materia, he ahí la vía del arte.

martes, diciembre 15, 2009



Vaquita-cupido, intensamente roja como rosa-roja-pasión e igualmente abundante como aquellos amantes que, frente al horizonte de un mar que se extiende como tálamo natural, lo han concebido como fruto de ese mito de Penia y Poros, expresiones simbólicas de la ambivalencia entre el destino andariego de su madre y la astucia de su padre cazador; amante de lo bueno y bello, ni mortal ni inmortal, transcurre en la impermanencia de ese eterno ciclo de vida, muerte y renacer, como el día y la noche en un universo inconcebible y siempre nuevo…

viernes, septiembre 25, 2009


Quizás la razón de mi ánimo residía en ésta frágil primavera que aun no lograba vencer al invierno, vigente en sus noches de cielos finitos, sin estrellas y en esos días grises que volvían homogéneas, en sus contornos, toda forma posible hasta en el pensamiento o, también, el producto de una subjetividad que se había impuesto, con sus propias leyes, sobre ésta realidad que le proveía la tierra fértil para su negatividad; en una especie de psicología aristotélica, el itinerario de mis percepciones hasta el concepto, se había contaminado con esa visión parcial, aunque incontestable, de esa atmósfera viciada con la complicidad del lenguaje.
Familia, sociedad y estado lucían ante mí como fata morganas que, al paso de un viento suave, perdían toda su aparente consistencia y función; ya ni siquiera esas fugas holísticas que perpetra la mente para rescatar de la incoherencia a la consciencia domesticada, contenían esas energías utópicas necesarias para alimentar el mito de que siempre es posible una cierta alquimia para trasmutar el odio en amor, el miedo en esperanza, el temor en alegría, como lo hacen ciertos brujos que modifican su realidad al mover el punto de anclaje de sus percepciones.
Siempre simbolizó a M. como la última frontera de ese mundo que Karl Popper denominaba como bello sueño, en el que sería posible vivir una vida libre, modesta y simple; era ella como ese círculo mágico que le impedía perderse en esa otra realidad que se apoya, según Octavio Paz, en un escepticismo radical que nos hace dudar de la coherencia, consistencia y aun existencia de este mundo que vemos, oímos, olemos y tocamos; era su constancia, su persistencia confiada en éste tiempo y espacio donde su insobornable bondad me detiene, me pide pausa, paciencia mientras mi cuerpo teje nudos como hitos de esas caídas del alma.

miércoles, septiembre 16, 2009


De regreso de la Cordillera, el cielo se tradujo en diluvio; hacía varios días que no llovía, lo cual preocupaba a la gente de aquel lugar. La noche anterior nos habíamos reunido para tocar los tambores, sonidos que viajaban y se juntaban con otros ecos desde colinas distantes a la nuestra; no pude menos que sonreír cuando un pensamiento mágico intentaba convencerme de que aquello, en esa tierra de brujos y misterios, fuese la razón de esa súbita tempestad que, ahora, me hacía la travesía difícil entre el fango y una naturaleza agreste que se había vuelto esquiva en señales para retomar el camino de vuelta. Pero no sentía ninguna preocupación, ni siquiera un ligero temor ocupaba mi mente mientras, desde una atalaya rodeada de ruda vegetación, espectaba con asombro toda la magnificencia de esa geografía bajo los embates de la tormenta. Más tarde, en el recodo de un sendero tomado más por intuición que por usos de la razón, me encontré frente a frente con un colono que hacía pocos días hube de conocer fortuitamente; me miró con sorpresa y a la vez con una pizca de sorna por el deterioro de mi urbano atuendo, más propicio para un paseo por los parques de Miraflores que para esos reductos, para luego, ofrecerme una especie de guaje que contenía un fuerte aguardiente que animó mi cuerpo aterido, poniéndolo en sintonía con mi espíritu. Tras una charla explicativa sobre lo básico para la supervivencia en esas circunstancias, hizo una pausa en el camino para ensayar el ritual con la hoja de coca, luego de lo cual me instruyó en su uso; con el aguardiente y la hoja sagrada, esas últimas horas que nos tomó llegar a su cabaña, se me hicieron más ligeras. Ya en su hogar, nos ubicamos en una terraza dispuesta sobre el valle; desde allí y mientras lo ayudaba a seleccionar el maní cosechado, aquel hombre tuvo la sabiduría de refugiarse en el silencio para que yo pudiera intentar entender la naturaleza de nuestro encuentro, mientras la tormenta seguía contagiándome su energía.