viernes, junio 29, 2007

sebastian, despues de un tiempo q se le habia hecho extremo, volvia a caminar por aquella playa de orillas inesperadas y olas perfectas. dejo la mochila y corrio hacia el mar azul celeste q refresco su piel ardiente, sedienta, corrio algunas campanas q lo colmaron de energia q brotaba con la marea mecida desde algun punto del universo. tendido sobre la arena en medio de un no-tiempo, recordo a tesia dibujandose sobre su cuerpo salado, recordo el itinerario de su perfume, entonces, decidio q era buen momento para continuar el camino.
la casa noble se inclinaba sobre el acantilado norte, desde donde el puerto mostraba su organica presencia entre los sonidos y movimientos cuya lejania, el viento y la transparencia del dia, restaban.
cruzo el muelle entre algunos botes q dormitaban en la playa su convalecencia, y el bullicio de aquella gente alegre y vigorosa, sazonado con el aroma de los mariscos, pescados q ciertas magas del fogon convertian en platos esotericos. sebastian avanzaba en un estado de sensual atemporalidad a traves de aquel lugar q invitaba a quedarse, como asi lo hizo. escogio aquella fonda bautizada como los delfines, por su amplia ventana q asomaba hacia la playa. pidio una cerveza y un plato de pulpo al olivo, mientras se dejo abducir por una mirada q de pronto coincidio con su horizonte.

2 comentarios:

Margot dijo...

Ays, me has hecho añorar los días de mar y sal. Y el horizonte...

Una cervecita a medias, te la has ganado hoy!

IGGIX dijo...

margot, pues bien, entonces ahi va ese pan liquido,como diria un amigo, mientras el amor nos acerca cualquier horizonte q parezca lejano...
un abrazo en vibracion de FA ))))