jueves, octubre 26, 2006


El ronroneo del motor en la solitaria carretera, aunado al cansancio, tejieron el velo de sueño que raptó en tenues susurros la voz de Soledad. Sebastián observó su rostro sombreado por la luz de la Luna que ingresaba de perfil, mientras algunos resplandores aterciopelaban aun más la piel de sus mejillas envueltas, ahora, en un ligero rubor que contrastaba con las negras y tupidas pestañas que se juntaban como mariposas dormidas. Recordó cada instante de aquel día en la playa; su risa ingobernable, el brillo mágico que de sus ojos asombrados brotaba por el gozo que el mar y el sol en mil caricias le producían; luego la estructura de su cuerpo tornasolado sobre la arena, bajo la cadencia turbadora de su respiración teñida de esperas.

La entrada algo accidentada al balneario, la despertó-¿Llegamos?- interrogó Soledad con cara de niña mala- Si, estamos de vuelta- respondió Sebastián intentando ocultar sus emociones con aquella breve respuesta.

3 comentarios:

Rain dijo...

Constancia en tu novela, eh. Parece que se extiende...


salutes al borde otro día.

Rain dijo...

al borde de otro día, es que ya es tarde
tu horario es otro, al menos en tu bitácora :)

IGGIX dijo...

adonde ira a parar todo esto, ni yo lo se...