sábado, diciembre 23, 2006


Se suponía que Cynthia debía regresar a Lima para tomar un avión hacia Miami, donde pasaría las fiestas con su familia. Sin embargo aquella noche, mientras el “burro” y los demás inadaptados que allí se albergaban planificaban el campamento en Piedra Redonda, dejó entrever que sus planes habían cambiado. Mas tarde caminamos por la orilla descifrando historias que cada ola escribía en la arena; la noche destellaba suaves tonos azules, y las estrellas fugaces garabateaban hipérboles de las que intentábamos convencernos, aunque sea en aquel breve arco del tiempo por el que transcurrían los procesos de nuestro cerebro, a cuya estructura química le habíamos instalado un bug de THC, lo cual producía un ciclo de pensamientos que íbamos ejecutando al infinito sin poder resolver; Cynthia y Sebastián cayeron exhaustos en la arena con los músculos abdominales contraídos al máximo por la risa incontrolable que, en ciertos momentos, se traducía en muda gesticulación por el exceso de oxígeno consumido; los corazones galopaban briosos bajo la superficie húmeda de nuestros cuerpos que rodaron abrazados hacia el mar que aquietó toda aquella turbulencia. Flotamos de la mano sobre las tibias aguas, en calma, mientras la marea nos arrastraba por la bahía como barcos de papel. El cielo se hizo inmenso, el mar nos transformó en delfines minusválidos, y la noche se hizo también infinita bajo aquella incierta bifurcación del tiempo.

Así que Cynthia olvidó su viaje a Miami, y Sebastián de antemano ya había decidido que no pasaría las celebraciones con sus hermanos; ellos sabían muy bien que para él, aquellas fiestas transcurrían con la misma inercia de cualesquier otro día, y no era que se tratase de tristezas o melancolías pre-navideñas que de pronto tomaran por asalto su animo, pues por el contrario, sus experiencias con la navidad en su infancia estuvieron colmadas de un júbilo total, tanto alrededor de su familia numerosa, como en el entorno de un barrio en el que todos se conocían, y en donde las puertas de las casas de sus amigos andaban siempre abiertas; simplemente, su espíritu era algo reacio a reaccionar condicionado por eventos externos en aquella época.

El lugar donde acamparían, estaba constituido por kilómetros de playa a la que había que acceder a través de un extenso cañaveral por el que solo se podía atravesar a pie; en medio de la nada, solo existía una especie de pequeño tambo levantado por los surfers que la conocían y, después no había mas nada donde guarecerse de la espada de fuego que venía desde el cielo; la ola era sólida y reventaba hacia la derecha culminando en una excelente caverna de agua cristalina, sería otra buena experiencia para Cynthia antes de Lobitos, a la cual no podría acompañarla por cuanto el martes debía culminar una gestión importante para los inicios de las operaciones de la Casa Noble.

Alquilaron dos camionetas que los dejaría en la carretera, al pie del cañaveral, y los recogería el Lunes por la tarde; el animo entre los muchachos del albergue estaba al tope, todos se ayudaban y bromeaban entre sí; Bob Marley había acaparado la escena musical, y todos se movían bajo sus acordes en una danza compleja y coordinada que culminó en un viaje cargado de energía y vibraciones con las que Cynthia rápidamente se adaptó casi adoptada por Camila.

2 comentarios:

Isabella dijo...

Mmm... por lo que veo estoy desactualizada, tendré que comenzar a leer los post de abajo hacia arriba hasta encontrar a Cynthia.

Nos seguimos leyendo :)

IGGIX dijo...

Isabella, siempre es dulce ir de abajo hacia arriba, asi que, sea grato el sendero...
por ahi nos leemos