lunes, febrero 18, 2008


La noche había sido profusa en sueños, pero con la sensación de no haber estado dormido durante su transcurso: metamorfosis en pez de un rojo coral nadando, ondulados, bajo aguas cristalinas y, luego, dos ancianos sentados sobre una banca en el que uno mostraba su reloj marcando las diez y treinta y, el otro, reía con elocuencia ante un percance testicular, mientras sostenía con la mano derecha una edición de El Principito. No estaba en su ánimo intentar una hermenéutica sobre las manifestaciones de su afiebrada psiquis pero, la inmediatez de aquel oráculo virtual lo impulsó a releer aquella obra que, para él, representaba más allá de su exégesis literaria, un hito muy preciso de su existencia.
¿Qué significa domesticar?-volvió a preguntar el principito-Es una cosa ya olvidada-dijo el zorro-, significa “crear vínculos”-¿Crear vínculos?-Efectivamente, verás-dijo el zorro-Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Peo si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…-Comienzo a comprender- dijo el principito-Hay una flor…creo que ella me ha domesticado…
Recordó aquellas tardes en las que, enfermo de amor, esperaba el final del capítulo relatado por la madre, para ir tras de su hija; jamás, durante esas sesiones a las que fue sometido por aquella buena señora para intentar extirpar los incipientes Baobabs que advertía en su rebelde espíritu, le fue revelado mensaje alguno, tan sólo recordaba la imagen de aquel muchachito de capa y espada en la tapa del libro que se cerraba, y que significaba la oportunidad para ir al jardín en busca de aquel capullo; pasado el tiempo, al perderlas, a ella y a la madre, entendería tarde, muy tarde, lo que significaba crear vínculos pero que, sin embargo, aun ahora persistía en evitarlos ¿Sabría el porqué? Sí, lo sabía, pero lo intuía como una verdad a la que aún le falta el desenlace, la síntesis de un destino al que miraba, impertérrito, a través de un espejo retrovisor.

5 comentarios:

Oni Yume dijo...

Grosas palabras


muy grosas-


un abrazo

stanley

Jon dijo...

See here

XIGGIX dijo...

La maldad existe, no hay duda; quien pase por aquí, no vaya a clikear sobre el nick de jon, contiene virus.

Jolie: Desde la Barandilla dijo...

me encanto el relato... pero tengo una sensación en dos vertientes. el encanto que provoca el relato y el miedo que acecha en el nick de jon.

butacadecarlos dijo...

aun no me perdono aplazar tanto y tanto esa bella obra. yo recuerdo haber leido el texto del zorro cuando estaba en primaria en los libros corefo (ponian fragmentos de algunas buenas obras) aquellos tiempos ya no volverán.